domingo, 20 de diciembre de 2009

LA EDAD DE LA RAZÓN DE THOMAS PAINE

Por John Edwards y Al Seckel

La mayoría de los americanos es al menos parcialmente consciente de la importancia de Thomas Paine como uno de los principales Padres Fundadores y de sus tremendas contribuciones a la independencia de los Estados Unidos. La mayoría de la gente, sin embargo, ignora todo acerca de sus constantes esfuerzos en contra de la religión organizada y su lucha por asegurar una adecuada separación entre la Iglesia y el Estado en Norteamérica.

Thomas Paine (1737-1809) fue autor de varios grandes clásicos en la historia del pensamiento independiente. Su "Sentido Común", publicado en 1776, contenía el primer argumento razonado a favor de la Revolución Americana. Prácticamente de la noche a la mañana esta obra convenció a los colonos de que sólo la revolución les aseguraría sus derechos y libertades.

En 1794 Paine escribió un libro revolucionario de otra clase, destinado a convertirse en un clásico del libre pensamiento – "La Edad de la Razón". En él pone la Biblia al descubierto, llamando la atención hacia sus numerosas contradicciones, errores de hecho, absurdos y atrocidades que contienen tanto el Antiguo como el Nuevo Testamentos.

En los tiempos modernos, cuando la "mayoría moral" de los fanáticos de la Biblia claman por un retorno a su versión de la filosofía de nuestros Padres Fundadores, es tiempo de volver a examinar el poco común sentido común de uno de los más prominentes de éstos. Todas las citas que siguen están tomadas de "La Edad de la Razón" de Thomas Paine.

La Biblia.

Se ha dicho a menudo que todo se puede probar a partir de la Biblia, pero antes de que se pueda admitir que cualquier cosa está probada por la Biblia, debe probarse que la Biblia misma es veraz; pues si la Biblia no es veraz, o su veracidad es dudosa, deja de tener autoridad y no puede admitirse como prueba de nada (p. 103).

No es la antigüedad de una historia lo que evidencia su veracidad; al contrario, es un síntoma de que es fabulosa; pues mientras más antigua se pretende una historia, más se asemeja a las fábulas. El origen de toda nación está enterrado en tradiciones fabulosas, y el de la nación judía es tan sospechoso como cualquier otro (p. 104).


Siempre que leemos las obscenas historias, las voluptuosas depravaciones, las crueles y torturantes ejecuciones, el implacable deseo de venganza de que está llena más de la mitad de la Biblia, sería más coherente que la llamáramos la obra de un demonio que la palabra de Dios. Es una historia de maldad que ha servido para corromper y brutalizar a la humanidad; y, por mi parte, sinceramente la detesto, como detesto todo lo que es cruel (p.60).


En cuanto a los fragmentos de moral que se encuentran irregular y escasamente esparcidos en estos libros, no forman parte de la pretendida religión revelada. Son los dictados naturales de la consciencia, y los lazos por los que la sociedad se mantiene junta, y sin los cuales ella no puede existir, y son prácticamente los mismos en todas las religiones y en todas las sociedades (p.183).

Ha sido práctica común de todos los comentaristas de la Biblia, y de todos los sacerdotes y predicadores cristianos, imponer la Biblia al mundo como la suma de la verdad y la palabra de Dios; han disputado y vociferado, y se han anatematizado unos a otros respecto del presunto significado de partes y pasajes particulares de ella; alguno ha dicho e insistido en que tal pasaje significa tal cosa; otro, que significa exactamente lo contrario; y un tercero que no significa ni una cosa ni la otra, sino algo diferente de ambas; y a esto le llaman ellos comprender la Biblia (p.103).

La Revelación.

Cada una de estas iglesias muestra ciertos libros, a los que llaman revelación, o la palabra de Dios... Cada una de esas iglesias acusa a la otra de incredulidad; y por mi parte, yo no creo en ninguna de ellas (p.51).


Pero admitiendo, para seguir con la argumentación, que algo ha sido revelado a cierta persona... Cuando la cuenta a una segunda persona, esta segunda a una tercera... deja de ser una revelación para todas estas personas. Es revelación solamente para la primera persona, y rumor para todas las demás, y en consecuencia no están obligadas a creerla (p.52).

No puede llamarse revelación, por lo tanto, a nada hecho sobre la tierra, de lo que el hombre mismo sea el actor del testigo; y en consecuencia todas las partes históricas y anecdóticas de la Biblia, que son casi todo su conjunto, no entran dentro del significado y alcance de la palabra "revelación" y, por lo tanto, no son la palabra de Dios (p.59).

La maldad más detestable, las más horribles crueldades, y las mayores miserias que han afligido a la raza humana han tenido su origen en esa cosa llamada revelación, o religión revelada (p.182).

Jesús.

El libro de Mateo da una genealogía de nombres desde David, pasando por José, el esposo de María, hasta Cristo; y dice que entre ellos hay veintiocho generaciones. El libro de Lucas también da una genealogía de nombres desde Cristo a través de José, el esposo de María, hasta David, y dice que entre ellos hay cuarenta y tres generaciones; además de lo cual, únicamente los nombres de David y José coinciden en las dos listas... Si su genealogía natural fue fabricada, que ciertamente lo fue, ¿por qué no vamos a suponer que su genealogía celestial también fue inventada, y que todo es fábula? (p.158).

Si hubiera sido el objetivo o la intención de Jesucristo establecer una nueva religión, indudablemente habría escrito el sistema él en persona, o habría procurado que lo escribieran mientras vivía. Pero no hay ninguna publicación auténtica existente que lleve su nombre. Todos los libros que forman el Nuevo Testamento fueron escritos después de su muerte (p.63).

Habiendo así hecho una insurrección y una batalla en el cielo, en la que ninguno de los combatientes podía ser muerto o herido – habiendo puesto a Satanás en la fosa – habiéndolo soltado de nuevo – habiéndole dado el triunfo sobre la creación entera – habiendo condenado a toda la humanidad por el consumo de una manzana, estos mitologistas cristianos juntan los dos extremos de su fábula. Representan a este hombre virtuoso y afable, Jesucristo, como siendo al mismo tiempo Dios y Hombre, y también Hijo de Dios, celestialmente engendrado, para el propósito de ser sacrificado, porque decían que Eva en su deseo había comido una manzana (p.56).


Si los inventores de esta historia la hubieran contado al revés, es decir, si hubieran representado al Todopoderoso obligando a Satanás a exhibirse sobre una cruz, en forma de serpiente, como castigo por su nueva transgresión, la historia habría sido menos absurda, menos contradictoria. Pero en vez de esto, hacen que el infractor triunfe, y que el Todopoderoso caiga (p.57).

¿Hemos de suponer que cada mundo en la ilimitada creación tuvo una Eva, una manzana, una serpiente y un redentor? En este caso, la persona a la que irreverentemente se llama el Hijo de Dios, y a veces Dios mismo, no tendría otro quehacer que viajar de mundo en mundo, en una interminable sucesión de muertes, con apenas un momentáneo intervalo de vida (p.90).

Después del sermón (sobre la redención por la muerte del Hijo de Dios)... me sentí revuelto al recordar lo que había escuchado, y pensé para mis adentros que eso era hacer actuar al Dios Todopoderoso como un hombre apasionado que mató a su hijo cuando no pudo vengarse de ningún otro modo, y como yo estaba seguro de que el hombre que hiciera semejante cosa sería colgado, no podía ver con qué propósito se predicaban tales sermones... Además creo que cualquier sistema religioso que contenga cualquier cosa que escandalice la mente de un niño no puede ser un sistema cierto (p.83).

Las Iglesias.

Todas las instituciones eclesiásticas nacionales, ya sean judías, cristianas o turcas [islámicas] no me parecen otra cosa que invenciones humanas, puestas para aterrorizar y esclavizar a la humanidad, y monopolizar el poder y las ganancias (p.50).

Aquellos que predican esta doctrina de amar a los enemigos son en general los mayores perseguidores, y actúan coherentemente al hacerlo así; pues la doctrina es hipócrita, y es natural que la hipocresía actúe al revés de lo que predica (p.184).

De todos los sistemas religiosos que hayan sido jamás inventados, ninguno más despectivo hacia el Todopoderoso, más poco edificante para el hombre, más repugnante para la razón, y más contradictorio hacia sí mismo, que el llamado Cristianismo... Como máquina de poder, sirve a los propósitos del despotismo; y como medio de enriquecerse, a la avaricia de los sacerdotes; pero en lo que se refiere al bien del hombre en general, no conduce a nada aquí o más allá (p.186).

Yo no admito el credo que profesa la iglesia judía, la iglesia romana, la iglesia griega, la iglesia turca, la iglesia protestante ni el de ninguna otra que conozca. Mi mente es mi propia iglesia (p.50).

Referencias:

Foner, Philip S. "La Vida y Principales Escritos de Thomas Paine". Nueva Jersey, Citadel Press, 1974.

Paine, Thomas, "La Edad de la Razón", Nueva Jersey, Citadel Press, 1974.

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